Monacatus: A solas con el Solo.

viernes, 1 de junio de 2012 14:08 By Medinalogo ADTM , In , , , , , , , , , ,



La vida monástica es una corriente silenciosa que alimenta la vida de la Iglesia casi desde sus comienzos. La Fundación Las Edades del Hombre ha hecho de ella el eje de su decimoséptima edición, Monacatus, que permite al visitante acercarse a la intimidad del claustro y contemplar a los monjes en el silencio fecundo de su Ora et labora.

Es una vuelta al origen, al claustro, a la escondida vida de oración y silencio que nutre la fe de la Iglesia desde hace siglos. Después de haber peregrinado por distintas ciudades y catedrales de Castilla y León, y tras haber mostrado sus tesoros artísticos en Amberes y cruzar el Atlántico hasta Nueva York, la decimoséptima edición de Las Edades del Hombre vuelve la mirada a la vida monástica con Monacatus, la exposición que acaba de inaugurarse en el monasterio de San Salvador de Oña (Burgos).

La muestra nace con la intención de expresar el significado teológico y eclesial de la vida religiosa, y permitir al visitante adentrarse en el Ora et labora que mueve la vida diaria de los monjes. Así, nos podemos encontrar con la pila bautismal de la iglesia de Abia de las Torres, del siglo XIII, como signo de la entrada en la vida de la Iglesia; o con una Anunciación de Pedro Berruguete, que muestra a la Virgen María como el principal modelo de consagración al Señor; o una Piedad del monasterio de las benedictinas de Sahagún, que penetra en la soledad de María, Virgen de los Dolores y Madre de la esperanza al mismo tiempo, espejo de contemplación para la vida religiosa.

Una de las obras maestras de la muestra es la Oración en el Huerto, de Francisco de Goya, una tabla que el pintor elaboró en sus últimos años, cuando los sufrimientos padecidos le acercaron a la entrega de Cristo en Getsemaní, a solas con la voluntad del Padre. Un motivo similar es el Agnus Dei, de Zurbarán, que expresa con una singular fuerza simbólica la mansedumbre de Jesucristo ante la Cruz.

La exposición también tiene una mirada para los testigos. Así, nos encontramos con varios modelos de vida eremítica, como San Juan Bautista en el desierto, de José de Ribera, o San Jerónimo, de Alonso Berruguete, dotado de toda la expresividad manierista de uno de nuestros principales escultores del siglo XVI. También El Greco está presente en la muestra, con su Alegoría de la Orden de los Camaldulenses.

Monacatus muestra también interesantes documentos como la Biblia de Burgos, la Regla de San Benito conservada en el monasterio de San Isidro de Dueñas, o un códice de San Millán de la Cogolla, en el que aparece, por vez primera, la palabra Castilla.

                                                                           Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo


Monacatus: arte, cultura y fe

Cuando el Papa Pablo VI declaró a san Benito Patrono de Europa, en 1964, lo hizo en un momento crucial de la vida de la Iglesia y de las naciones europeas. La Iglesia ratificaba su compromiso con la sociedad bajo el impulso del Concilio Vaticano II, y la sociedad comenzaba a comprender que la unidad de los Estados exigía fortalecer los vínculos entre las naciones. Unos años antes, el Papa Pío XII había atribuido al santo benedictino el calificativo dePadre de Europa. Por otra parte, aún resuenan en nuestros oídos las palabras de Juan Pablo II: Europa, sé tú misma. No fue una casualidad que el actual Pontífice eligiese el nombre de este mismo santo.

El monacato y los benedictinos han sido los primeros europeos que llegaron a comprender el verdadero sentido de la unidad y de la cultura para renovar un mundo sumido en la crisis, la pobreza y la incultura. Después de unos siglos de esplendor en la antigua Grecia y en el Imperio romano, los monjes fueron capaces de transmitir a Europa y al mundo entero la cultura, la escritura y las verdaderas fuentes del saber. Su alejamiento del mundo para descubrir a Dios, la contemplación de sus misterios, los trabajos de cada día, la ordenación del trabajo y la transmisión de la escritura y de la sabiduría clásica hicieron de los monjes los verdaderos salvadores de Europa en unos siglos cruciales.

Su vida retirada no les apartó del mundo; al contrario, sus virtudes y su ascetismo convirtieron y cambiaron la sociedad de su tiempo, que descubrió el valor del trabajo, el ordenamiento de la vida y el progreso de la ciencia. En una mezcla maravillosa de arte, ciencia y escritura, Dios iluminó la realidad terrena.

Burgos, su diócesis y su arte se han convertido, a lo largo de la Historia, en receptores y divulgadores de estos valores culturales y religiosos. Santo Domingo de Silos, San Pedro de Cardeña, San Pedro de Arlanza y Oña son los monasterios que recogen la expansión religiosa, cultural y artística que se extiende por nuestra tierra y por toda la Iglesia. Al contemplar las obras de arte de Monacatus, no podemos dejar de mirar a Europa, a la sociedad moderna y a la cultura, impregnadas de Dios y de renovación.

Los capítulos de Dios como origenLos retirados del siglo, La alabanza divina, Los trabajos de cada día, Los dones y carismas, así como el traslado de todo esto a la sociedad de cada momento, son el verdadero reconocimiento de unos valores que siguen siendo necesarios para que Europa y nuestra sociedad moderna miren hacia lo alto, a través del arte, y descubran a Dios, fuente, meta y posesor de la belleza.

                                                                                                     Francisco Gil Hellín
                                                                                                    Arzobispo de Burgos

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