"Passio", las Edades del Hombre 2011: un alto en el camino.

lunes, 1 de agosto de 2011 0:34 By Medinalogo ADTM , In , , , ,


El mes de agosto es sinónimo de vacaciones, de coger el coche y de escapar de las grandes ciudades. En busca de sol, playa y relax, el viajero hace la maleta con el único objetivo de romper con la rutina. Si es así, rumbo al norte de España hay un alto en el camino que bien merece la pena realizar. Lejos de los atestados chiringuitos playeros, en la provincia de Valladolid nos espera el auténtico significado del sosiego. Se trata de Passio, la última exposición de la Fundación Las Edades del Hombre que tiene lugar en las localidades de Medina del Campo y Medina de Rioseco, en plena Ribera del Duero, y cuyo comisario es el sacerdote abulense Óscar Robledo Merino.
Cerca de diez millones de personas han visitado en los últimos años las quince primeras ediciones de Las Edades del Hombre, que surgieron en 1988 y que han permitido la restauración y conservación de 16 inmuebles y más de 1.800 bienes en las últimas décadas.

Ahora, bajo el título de Passio, la actual muestra de la Fundación recorre la representación de la pasión de Cristo en el arte de Castilla y León. En concreto, Passio reúne alrededor de 180 obras del patrimonio artístico de la Iglesia. La mayor novedad reside en el hecho de que se muestran obras plásticas de estilos y autores antiguos y obras plásticas de artistas castellano y leoneses del siglo XX y contemporáneos.  

En medio de un paisaje salpicado de viñedos y coquetas bodegas que nos invitan a realizar una ruta enoturística por la Ribera del Duero, a escasos metros de la Nacional VI, nuestra primera parada en el camino es Medina del Campo. La antigua villa regala al caminante la estampa de una tradicional plaza mayor castellana, aunque la mirada se va hacia la silueta del castillo de la Mota, declarado Bien de Interés Cultural. Pero nuestros pies deben dirigirse hasta la iglesia de Santiago, cuya traza original corrió a cargo del importante arquitecto Fray Bartolomé de Bustamante. La capilla del relicario es un lugar de obligada visita, pues en él se hace patente la importancia que los jesuitas dieron al culto a las reliquias.  

En Medina del Campo, Passio representa la pasión de Cristo desde un punto de vista temático, es decir, utilizando las expresiones más conocidas, como Agnus Dei, Varón de dolores, Nuevo Adán... Entre la colección expuesta, el viajero se topa con obras como San Juan Bautista Niño, de Luis Salvador Carmona, realizada en madera policromada del siglo XVIII y que procede de la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario, en La Granja (Segovia). Otra de las joyas del arte sacro que podemos contemplar es el Cristo de piedad con ángeles, cuyo autor se desconoce y que data de principios del siglo XVI. Se trata de una pintura sobre tabla que ha sido restaurada por la Fundación Las Edades del Hombre y que se encuentra habitualmente en el museo de la iglesia parroquial de San Pedro, en Frómista. El hostiario de la catedral de Palencia es otro de los tesoros que nos encontraremos en Medina del Campo. 

Pero hay más. Para comprobarlo debemos desviarnos hacia la localidad de Medina de Rioseco. Allí, la iglesia de Santiago Apóstol, templo de grandes proporciones construido entre los siglos XVI y XVII en una inusual amalgama de estilos (conjugándose un gótico muy tardío con los renacimientos plateresco, clasicista y herreriano, presentes en la fábrica exterior y el alzado interior; y el barroco, que caracteriza las cubiertas abovedadas y el Retablo Mayor) alberga la pasión de Cristo desde una perspectiva cronológica, siguiendo los relatos evangélicos, a través de 55 piezas que representan desde la Última Cena hasta la Resurrección. Por ejemplo, el visitante puede contemplar de cerca el Cristo yacente, obra del siglo XVII de Gregorio Fernández en madera policromada perteneciente al Museo del Convento de Santa Clara de Medina de Pomar (Burgos) o La Última Cena, un óleo sobre lienzo de Jacopo Chimenti realizado en 1611 y que se conserva en el Monasterio de las Descalzas Reales (Valladolid).

Con calma, entre bodegas y viñedos, no hay mejor modo de hacer un alto en el camino.   

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