Toda la Pasión de Cristo en Las Edades del Hombre en las dos Medinas de Valladolid.

domingo, 3 de julio de 2011 17:09 By Medinalogo ADTM , In , , ,

 
Desde mayo de 2011 y hasta noviembre la Fundación “Edades del Hombre” vuelve a llamar la atención a través de una nueva exposición, de un nuevo proyecto evangelizador que tiene como punto de partida el patrimonio cultural atesorado en las diócesis de Castilla y León. 

Tras el comienzo de estas exposiciones en 1988, ahora se vuelve a tierras vallisoletanas, en esta ocasión a las Medinas, como si se tratara de un volver al origen, para seguir hacia adelante tomando impulso en el pasado, sobre todo cuando el pasado sigue tan vivo en nuestra memoria. 

Volvemos al corazón de Castilla, a unas poblaciones de gran importancia en nuestra historia, por donde han transitado importantes personajes de la vida civil y religiosa, y que ofrecen un magnífico marco que envuelve la muestra y la completa con monumentos, museos, centros de interpretación y ofertas culturales y turísticas. 

Todo sobre la Pasión  

El título elegido para la ocasión ha sido “Passio”, que es el término latino para hablar de pasión. Se trata de una propuesta de reflexión en torno a la pasión de Cristo, en torno a su muerte y resurrección desde el arte, la liturgia, la música y el modo de celebrar este acontecimiento central de la Fe en las tierras de Castilla y León. Se quiere así rendir homenaje a la celebración de la Semana Santa en dos lugares de la provincia de Valladolid donde la memoria anual de la Pasión tiene especial singularidad. Dos sedes, Medina del Campo y Medina de Rioseco, una sola exposición. Es importante recordar que en Medina del Campo se cumple este año el VI centenario de la celebración de procesiones penitenciales, motivo que llamó la atención para la elección de los lugares. 

Los espacios por los que se ha optado en ambas sedes ha sido la iglesia llamada de Santiago, el Real en Medina del Campo y de los Caballeros en Medina de Rioseco. En los dos casos se trata de magníficas iglesias, distintas en el estilo y en el volumen, pero bellos edificios en ambos casos. En las dos, aunque el estado de conservación era aceptable gracias a intervenciones recientes, se han llevado a cabo pequeñas intervenciones y sobre todo se han restaurado los retablos de la cabecera de ambas iglesias, tres en cada una, trabajo llevado a cabo por los talleres de la propia fundación. Dentro de estos templos se ha optado por construir unas ligeras estructuras que no ocultaran el entorno, pudiéndose contemplar a lo largo del recorrido los elementos estructurales de las iglesias y los retablos principales. Los arquitectos al diseñar los espacios han tenido en cuenta este pensamiento, de modo que han logrado conseguir el espacio expositivo necesario a la vez que es posible ver el final desde el inicio. Consiguiendo un efecto sorprendente para quien visita la muestra. 

Junto a la elección de dos sedes distantes en el espacio en torno a 80 kilómetros hay otro aspecto novedoso. Se trata de la inserción de obras de arte moderno y contemporáneo junto a obras de arte clásicas, hasta completar el número de 147 piezas, 56 en Medina de Rioseco y 91 en la sede de Medina del Campo. Una propuesta por parte de los organizadores que a dos meses de la inauguración ha tenido una aceptación muy positiva. Esta apuesta es fruto de la inquietud por invitar a contemplar el arte nuevo, por los nuevos estilos y las nuevas técnicas, por los autores relacionados por diversas causas con la región (nacimiento, lugar de trabajo, tipo de obra, premios y reconocimientos…) y que han seguido produciendo arte cristiano en nuestros días. De un modo nuevo se ha seguido hablando del mensaje de siempre, del sufrimiento de Cristo y del hombre, de pasión del hombre, de la entrega en la cruz, de la obra de la redención propiciada por la entrega. 

Pasión de pasiones en Medina de Rioseco

En cada una de las sedes se ha optado por un hilo conductor distinto como base del proyecto expositivo. En la iglesia de Santiago de los Caballeros en Medina de Rioseco el visitante se encuentra un relato de la Pasión desde el punto de vista cronológico, según los textos evangélicos y la tradición. Se parte de la Última Cena para llegar a la Resurrección. No hay capítulos, se pasa de un momento a otro sin interrupción, sólo algunos textos en los muros captan nuestra atención con pensamientos ilustrativos de lo que contemplamos. La Última Cena de Venancio Blanco nos recibe, como si se nos estuviera invitando a sentarnos a la mesa con el Señor y los apóstoles. Casi sin movernos contemplamos dos grandes cuadros con este mismo tema, uno clásico y otro moderno de Vela Zanetti. Después tenemos escenas del lavatorio de los pies y de la oración en el huerto, magníficamente representada en la versión escultórica de Andrés Solanes. El prendimiento está en dos cuadros antiguos, uno de ellos de clara influencia de Caravaggio. Después del prendimiento los juicios y los azotes, destacando la versión de Kiko Argüello, pintura de 1963. En distintas obras se plasma el momento de la presentación de Cristo antes el pueblo, el Ecce Homo, sobresale la versión de Pedro de Mena procedente de Zamora.  

Las propuestas de Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario son múltiples: de Luis de Morales, “el divino”, de Juan Ortiz el Viejo, de Pennetier, Díaz-Caneja, Pedrero. Hay después varias pinturas que representan la llegada al Calvario, el momento de la Crucifixión y la elevación de la Cruz. Luego algunos crucificados nos llevan del arte románico al contemporáneo, son obra de autores anónimos los más antiguos, de autores reconocidos como Alejo de Vahia, Juan de Juni, Gregorio Fernández, Salvador Carmona y Victorio Macho el resto. Después de la muerte de Cristo en la cruz el descendimiento de Juan Picardo, el llanto sobre Cristo muerto de Jacome o el de Juan de Valmaseda nos introducen a contemplar la Piedad. Tenía que estar la piedad en versión de Gregorio Fernández, en este caso la de la iglesia de San Martín en Valladolid. Dialoga con una versión contemporánea, impactante, de Ricardo Flecha Barrio. Y Cristo es colocado en el sepulcro, lo ilustra una pintura romántica de gran formato, de 1895. Luego queda solo, como está el yacente de Gregorio Fernández que guardan con sumo celo las Clarisas de Medina de Pomar, en Burgos. Sólo queda ya la Resurrección, el Resucitado contemporáneo de Segundo Gutiérrez Domínguez y el clásico de Pedro de Ávila, de Ampudia en Palencia. Ambas imágenes nos despiden, de momento, y nos invitan a seguir, a salir, a ir a nuestra particular Galilea a encontrarnos con el Señor Resucitado.  

Simbología en Medina del Campo

En Medina del Campo el argumento es otro, encontramos varios capítulos que nos hablan de la simbología que emana de la reflexión en torno a la Pasión, de su significa en la historia de la salvación, de su modo de celebrarla, de los textos que la han ilustrado y acercado al pueblo para mover a la piedad o al crecimiento espiritual. Los capítulos llevan títulos evocadores: Ecce Homo, Agnus Dei, Fons et Culmen, Dulce Lignum, y Via Crucis. Desde el primer capítulo las obras antiguas y modernas nos salen al paso. Distintas versiones del paraíso y de pecado original, del Adán caído y arrepentido, del árbol de la vida y de la cruz nuevo árbol de vida nos reciben. Son obras de Cristóbal Gabarrón, Eduardo Barrón, Florentino Trapero, Campos Lozano o Baltasar Lobo. Impactan las yagas del Cristo del Perdón, de Salvador Carmona y procedente de las capuchinas del cercano pueblo de Nava del Rey. Cierra el primer capítulo y abre el segundo una vidriera contemporánea de Carlos Muñoz de Pablos, vidriero segoviano, que representa a Cristo Crucificado. Luego varias imágenes de Cristo: a la columna, pintura de Juan de Juanes de la iglesia de san Juan de Alba de Tormes, o la de Diego de Siloé, de la Catedral de Burgos; con la cruz a cuestas, Cristo de las Batallas, de Ávila; como Varón de dolores, destacando el Diego de Siloé. Todas ellas hablan del dolor de Cristo, del hombre de nuestro tiempo crucificado por tantas causas sobre el que nos invita a reflexionar Antonio Saura a través de dos de sus crucifixiones, depositadas en el Patio Herreriano. 

Y en centro de la sala tres ejemplos del Ecce Homo, del Cordero de Dios que Juan Bautista nos presenta en versión salmantina de Felipe Bigarny o como niño según Salvador Carmona; son de Alejo de Vahia, Alonso Berruguete y Juan de Juni, al lado la versión de Venancio Blanco y la de Álvaro Delgado. El grito de Cristo en la Cruz, de Luciano Díaz Castilla, y madres de la guerra, de Delhy Tejero cierran el capítulo. Luego se reflexiona sobre la Eucaristía, instituida en la noche del Jueves Santo, sacramento de la entrega de Cristo y de su presencia entre nosotros. Esta se celebra, se venera, se expone y se reserva. Magníficas piezas de arte y orfebrería nos llevan por este capítulo, clásicas y modernas, como la custodia procesional de José Luis Alonso Coomonte procedente del museo Reina Sofía. Destacan también los libros musicales y partituras de temas para la celebración de la liturgia de la Semana Santa. 

En el capítulo sobre la cruz, el dulce leño, tenemos cruces procesionales, magnificas como la de Peñafiel, de Valladolid, de cristal, de plata, de marfil, bronce… Pero en este capítulo nos llama la atención la recreación del Calvario de Gregorio Fernández con piezas de distintos lugares. También la corona de espinas hecha con rejas de arado, de Coomonte. Las Arma Christi aparecen en distintas versiones de todas las épocas. Por fin el último capítulo nos lleva a través de los textos a la reflexión y a la celebración de la Pasión. Hay un ejemplar de las visiones de Santa Brígida, de la “Vida de Cristo” del “Cartujano”, del “Libro de Oración y Meditación” de Fray Luis de Granada, de los romances de Lope de Vega para cantar en la Semana Santa, de la meditación de la pasión atribuida a San Francisco de Borja, libro impreso en Medina del Campo. Termina la exposición con un vía crucis de Vela Zanetti, procedente de los maristas de León; lo disciplinantes de Gutiérrez Solana; la procesión de Semana Santa en Medina de Rioseco, de Catilviejo; un cuadro de Cristo Crucificado con Zamora al fondo, de Alfonso Bartolomé; y un cuadro de Cristo Resucitado, atribuido a Fernando Gallego

Ecclesia Digital
 

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